sábado, 18 de febrero de 2012

Un querer rural

Harto, de que me despierte el sol a pedradas
de que me pillen mentiras las arañas.
Harto de sudar pintura negra.

Y el alba vende su cuerpo en mi puerta
con faldas tejidas con bigotes de gatos
los labios mojados de secar goteras
los lunes solitarios de la primavera.

Pasa pero deja tu ego sobre la alcoba
mientras crecen errores en los bancales.
Pasa y empieza a desapretarnos la soga
mientras se nos enquista el querer.

Pon los versos a secar pa que no se corra la tinta de mis venas
que ya no quiero, no, por mi ventana más lágrimas del rocío,
no quiero sueños mal dibujados que se destiñen en amores a cabezadas
ni amaneceres perezosos que se quedan a medias entre tu corazón y el mío.

No me molesta que aniden las golondrinas sobre mis costillas
ni que equilibristas ebrios entrenen sobre mi espalda,
ni flamencas que taconean tirando la escarcha de mis cojones
no me molesta el cantar lúgubre del dormir de las cigarras.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Mi utopía

Quiero evadir esta sensación de miedo, es la hiel que invade mis huesos. Por miedo a querer cavo mi hoyo para evitar que me quieras, por miedo a que sufras. Esta amargura con la que pintado mis sentimientos, este olor a flores quemadas que me impiden quererte. Por miedo a que me quieras. Una felicidad hostil que alumbra mis días. Miedo a que me hagas sonreír por miedo a no saber hacerte feliz.

Quiero palabras y besos que me hagan sentir libre. Quiero caricias que me hagan sentir único. Pero lloro por no saber hacerte feliz. Lloro por ti y por miedo a hacerte sufrir. Y me encierro en mi agujero para que nunca me encuentres, para que no compartas mi oscuridad ni un segundo más.

Te echo de menos y te quiero lejos, no por mí sino por ti. Nunca merecerá la pena que hagas de mi vida un sueño mientras yo haga de la tuya una pesadilla. No soy tan mezquino, pero si tan cobarde para escribir lo que no digo.

Callo verdades para no hacer daño a quien quiero. Callo, el amor me esquiva y por eso tengo miedo. Y muero. Amar sin dañar quizá sea una utopía. Mi utopía. Por eso prefiero seguir en mi agujero coleccionando oportunidades perdidas para que tú puedas ser feliz.

sábado, 4 de febrero de 2012

Ahora mismo

La luna andaría colgada de algún hilo del cielo y las estrellas hoy serán invisibles. El sol estará alumbrando la otra parte de la Tierra. Unos niños ahora mismo estarán muriendo de hambre y unas madres estarán muriendo de pena mientras mecen a su hijo entre sus brazos. Un drogadicto ahora estará inyectándose la cocaína que en unos minutos le producirá una sobredosis. En este sonido de reloj hay miles de niños que trabajan explotados en talleres clandestinos. Alguien está siendo asesinado y alguien se va a suicidar. Un bosque se está quemando. Un gato huye asustado al ver su reflejo en un charco de agua cristalina. Un hombre acaba de perder una pierna al pisar una mina antipersona. No lo escucho pero alguien estará llorando.

Ahora mismo y en este mismo instante un artista está pintando a la mujer que ama tumbada en el sofá con el corazón al desnudo y los ojos sonrientes. Ahora mismo un músico acaricia su piano intentando llamar a las musas que pronto aparecerán. Alguien acaba de esquivar la muerte en este mismo segundo. Justo en este latido de corazón millones de pájaros emigran y otros tantos cantan mientras descansan en las ramas de un árbol. Ahora y justamente ahora una mujer llora porque mece en sus brazos al hijo que acaba de dar a luz. Antes de un después no muy lejano unos chavales no duermen pensando que están enamorados. No lo escucho pero alguien estará sonriendo.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Corazones opacos

Corazones opacos donde retumba el eco
y tiemblan las paredes de tanto silencio.
Corazones opacos donde no entra el miedo
ni sonrisas despeinadas por las nubes.

Y el mejor viaje de un triste destino
vagué por la existencia de mi ser.
Busqué entre el sur y el norte
entre las rocas y el aire.

Para no encontrar nada
entre tanta sangre.

jueves, 19 de enero de 2012

Sería mentir

Podría decir que la alegría y sonrisa habitan en el séptimo cielos acompañados por una botella de ron. Podría decir que el mundo es precioso y colorido y funciona al ritmo de cánticos medievales. Podría decir que ser feliz depende de uno mismo y que la gran bola que forma nuestras ideas negativas no es más que un intento del subconsciente por arruinarnos la vida. Podría decir que la tristeza solo es una pequeña porción de nuestra pequeña historia y que los problemas son solo malas notas en la perfecta melodía tocada bajo un sol resplandeciente y un mar tan calmado como el suave sonido de los pajarillos mientras vuelan sobre el cielo en busca de un lugar donde encontrar cobijo.


Besos hostiles de miradas ajenas que alimentan mi hambre. Sangre en los labios de un amor que existe pero cuando yo dejo de existir. Tantas tristezas devoran las ganas de vivir con la misma sutileza que cada día de invierno el mar devora, a eso de las 6.25, el sol. El hombre y la mujer que empieza a ser un lobo para la mujer y para el hombre. No se trata de miedo al fracaso, sino de cansancio por el ausente éxito y por lo tanto indiferencia hacia la vida. Pez perdido en el mar que pronto será comido, por el mar. Y así va, una caótica hostilidad contra el mundo. De sexo desesperado con la soledad que le arranco a bocados las vestiduras, que araña mi vida y luego, ella tan tranquila, duerme en mi cama. Descansa junto al cordero que mañana volverá a devorar cuando el sol, a eso de las 7 de la madrugada, vuelva a salir a flote.


Y así todo. Podría decir que la vida es un cuento que nosotros mismos escribimos con ilusiones. Podría decirlo… pero eso sería mentir. O no.


Nos volvimos a cruzar en el mundo
agarraditos de la mano, sonriendo,
marcando el ritmo de cada segundo.

viernes, 13 de enero de 2012

Sincronización mental

Sincronización mental. Dolor y una luna menguante digna de ser fondo de una batalla épica o de sexo entre desconocidos. Así paseaba con torpeza mi cuerpo por la playa. Mil pensamientos y nubarrones sobre el cielo. Llovizna. No, llueve. O mejor aún, un aguacero de esos melancólicos. De los que al empaparte toda la ropa te calientan el alma. De esos que desearías compartir con alguien, de esos que cada gota que cae sobre el suelo encharca el camino. Me siento sobre un banco de esos ya desgastados por el tiempo. Y a partir de ahí intento pensar. Sincronización mental. Dolor y una luna menguante ya casi invisible.


Traté de imaginar. Dando rienda suelta a esa parte de mi cerebro que tanto uso y que ni siquiera sé si existe o si tiene nombre. Miraba los alrededores. Hierbecilla salía del suelo, la mar tan calmada como un lunes de resaca, las estrellas ausentes. Seguía el aguacero y de algún modo me sentía aislado. Protegido, nadie molestaría. Sincronización mental y momento de dejar de ser alguien opaco aunque sea por una noche.


Traté de imaginar. Me pregunté quién sería la persona idónea para acompañarme en ese banco incómodo bajo ese llover tan inspirador. Miro la luna con rapidez y cierro los ojos. Sincronización mental. ¿Quién sería la persona perfecta con la que hablar? ¿O con la que hablar sin palabras? En ese momento oía algo moverse delante de mí. Abrí los ojos. Un perro. Mojado, triste, cansado y con una pata lastimada. Me recordaba a alguien. Lo subí al banco, me quité la chupa de cuero y se la eché por encima con toda la entereza que mis ‘titiritones’ me dejaban. Lo acaricié tanto como pude. Le miraba a los ojos y él miraba los míos. Igual no era una persona lo que yo desearía tener como compañía aquella noche. ¿Hay más paz en este mundo que la tranquilidad y dulce sensación de cariño que da un perro?


Igual ya tenía la respuesta. Pero quería ir más allá. Quería pararme a pensar en una persona. Sincronización mental. Alguien con quien hablar cerveza en mano (o calimocho, si es posible). Un alguien que aquel aguacero le sonase tan a melodía como a mí, un alguien con quien hacer de una noche algo para siempre. ¿Un amigo? ¿Una amiga? ¿Un familiar? ¿Un desconocido? Lo único que tenía claro sobre aquello es que nunca sabría la respuesta por más que la buscase. Sé de mí, de lo que yo querría. Pero no sé sobre ese desconocido ni mucho menos sobre lo que querría.


Buscaba alguien con quien hablar de si es cierto eso de que los caracoles guardan sus recuerdos en su concha. De tener el sueño de alimentar leones marinos. Alguien con quien hablar, alguien con quien sincronizar. Alguien con quien hablar sobre si los tiburones aman y si las ballenas se dejan ser amadas. De si realmente en los momentos importantes nunca se habla, de si es cierto que las lágrimas más amargas son las que nunca se lloran. De si es verdad que hay alguien capaz de mirar el interior, de rebuscar, sacar entrañas y sentimientos de un cuerpo torpe. Alguien con quien debatir si es cierto que se puede hacer habitable un pozo de miseria emocional.


Alguien con quien hablar de la felicidad en todos sus aspectos. Cuestionarla, insultarla e intentar entenderla para poder conseguirla. Alguien con quien hablar de la tristeza, de la soledad, del tiempo, de lugares, de momentos, de paz y de guerras. Alguien con quien llorar y reír. Alguien con quien hablar sobre la muerte. Alguien con quien pasear a aquel perro aquella noche de aguacero y con una luna menguante invisible. Alguien con quien hablar sobre la vida.


Lo sé, estoy loco. Pero así es mi mundo.

sábado, 7 de enero de 2012

El mejor viaje de mi vida

Hice el mejor viaje de mi vida. Vi toda la naturaleza habida y por haber. He visto amaneceres y anocheceres sentado en una roca, subido a un árbol, en la orilla de cada uno de los mares. He visto pájaros de mil colores y mil formas de cantar. He tocado a tigres, tortugas, hormigas, elefantes, monos y panteras. He dormido junto a un león y he sentido su corazón latir. He volado sobre paisajes que tienen escrita la palabra 'vida' en la corteza de cada uno de sus árboles. He sentido a los peces rozarme el pie en ríos de agua pura y cristalina.

He cabalgado todos los desiertos. He visto desde las nubes a delfines saltar y a ballenas canturrear una nana a sus crías. Me he quemado, me he asfixiado, me he roto todas las costillas, me he desangrado y me he muerto. He pensado, divagado, me he torturado y con el tiempo he resucitado. He bailado con tarántulas y he filosofeado con tiburones. He sobrevivido. Me he enamorado. He llorado y he corrido sobre el agua. He aguantado mil horas sin respirar y otras tantas con la mente en blanco.

He pintado los cuadros más hermosos y he escrito los poemas que más me han llenado. He hablado y he callado. He susurrado y he gritado. He sido mudo, sordo, ciego y he sido un hombre sin ser amado. He vuelto a morir y me ha resucitado un gato. He observado y a la par he errado. He estado sin estar y me he quedado ronco de no hablar. He reído y las flores de mi jardín han crecido. Ellas han reído y yo he crecido. He estado lejos, digamos que, perdido. He huido.

He besado y he echado de menos. He sido y he dejado de ser. He sido por ella y he dejado de ser por mí. He cicatrizado y me he abierto las heridas a bocados. He muerto y me has resucitado.

Y todo esto lo he hecho sin levantarme de la cama.